jueves, mayo 12, 2005

La anciana

En mi barrio vive una señora muy mayor, debe andar cerca de los noventa años. Es extremadamente delgada, y siempre lleva una pinta rarísima, entre lo pasado de moda y lo simplemente hortera: bermudas a rayas con blusas floreadas y cosas así. Lo que más me llama la atención de su aspecto es que siempre lleva un turbante sobre la frente y unas gafas enormes que casi le tapan toda la cara, y los morritos pintados de rojo pendón verbenero, parece una versión hiperenvejecida de Greta Garbo.
Siempre la veo paseando por el barrio llevando un perrito diminuto de raza chihuahua, que juraría que hasta se parece a ella, igual de delgados son. Mientras pasea con él, le va hablando, contándole cosas sobre el barrio, sobre los edificios antiguos, sobre la historia de las casas que ha visto tirar y volver a levantar a lo largo de los años...
No hace falta saber mucho sobre etología humana para entender que no tiene a quién más contarles sus historias que a su perrito. A veces la he visto entrar en una tienda, y entonces lo coge en los brazos como si fuera un cachorrito, cuando seguramente el perro es tambien anciano, porque llevo viéndoles más de 10 años. No creo que tenga nadie que le diga que esas combinaciones de ropa son de mal gusto, o que esos turbantes y gafas hace mucho que ya nadie los lleva, que aunque su mente quedara anclada en los años 30 su cuerpo ha ido acusando el paso del tiempo y su espalda se ha ido arqueando poco a poco, y que ya no debería usar esos colores tan subidos de labios.
Hace cosa de una semana la vi pasear sola por primera vez. No había ningún perrito junto a ella y ella no hablaba ya con nadie. Se había quitado el turbante, iba sin maquillar y con zapatillas de casa. Sentí una enorme tristeza por ella al suponer que su perro había muerto, y sobre todo al comprobar que se había llevado con él las ganas de vivir de su dueña.
Desde entonces la he vuelto a ver varias veces y ya no es la misma, solo es una anciana más con todo el peso de su pena a cuestas, y terriblemente sola.

3 comentarios:

infopoeta dijo...

Qué triste :(

Fantine dijo...

Jo, esta historia ha hecho que se me salten las lágrimas.

De todos modos me alegro de que todavía me afecten este tipo de historias, pese a que por ser tan habituales no debería ni inmutarme

Lumen Dei dijo...

"Penélope".

Las penélopes que deamulan por las calles de nuestras ciudades no siempre son culpables de haber acabado así, en ocasiones, lo que ocurrió fue que algo no pudo ser, o que alguien les rompió el corazón, y no se lo consiguió arreglar nadie, ni se les curó nunca.

http://www.poesi.as/reci0388.htm

Fer