sábado, septiembre 08, 2007

Servicio público

Cada dos fines de semana me voy a Alicante, éste finde además teníamos la asamblea de Mensa, así que a las 9 de la noche estaba yo como siempre cogiendo en Murcia el autobús que me llevaría hacia allá.

El andén del que parte dicho autobús tiene una particularidad. A las 8.15 sale un bus que lleva hacia diversos pueblos de Alicante, y más tarde a las 9 sale el que va a Alicante directo, pero los que cogemos habitualmente esa línea sabemos que en la práctica los dos autobuses salen a la misma hora, porque el primero siempre lleva un retraso del copón.

Pues eso pasó, salieron los dos autobuses a la vez, a las 9, con un poco de indignación por parte de la gente que iba a los pueblos, y bastante confusión porque nadie sabía cuál era su autobús (son de la misma compañía y no tienen ningún distintivo).

Una vez ubicado todo el mundo nos ponemos en ruta, yo sentada en un de las primeras filas. Delante de mí había una familia rumana, padres jóvenes y un niño de 5 ó 6 años algo revoltoso, no tenían aspecto de pedigüeños pero eran evidentemente pobres (me repatea esa estupidez eufemística de llamar "humildes" a los pobres). Después de tres cuartos de hora de trayecto, la mujer le pregunta chapurreando español al conductor que cuánto falta para llegar a Orihuela (uno de los pueblos por los que tiene que pasar el "otro" autobús). Yo pienso "coño, con la confusión esta gente se ha metido en el bus equivocado, pobrecillos".
El conductor le espeta tranquilamente que se han equivocado, que este autobús va a Alicante, que haber puesto más cuidado.
Al ver que eran las 10 dela noche y estaban casi en una ciudad que no era su destino, la mujer se echa a llorar. La chica que va a mi lado les dice que no se preocupe, que va a pedirle a su novio que mire en internet el horario de trenes, a ver si pueden coger el último para Orihuela. La rumana está bastante apurada y me dan mucha pena. Al poco, llama el novio de la chica. Hay un tren barato alas 10.05 (que ya no pueden coger), y otro más caro a las 10.35, a éste si llegana tiempo, pero cada billeta cuesta...13 €. La pobre mujer se echa las manos a la cabeza. Subir los tres en este autobús ya les ha costado unos 15€, a los que ahora tendrán que sumar esa pasta por persona... es mucho más de lo que pueden permitirse.
Yo, que empiezo a notar como se me calienta la sangre, pido disculpas por la intromisión y le pido a a rumana que me enseñe sus billetes de autobús. Ella los coge y me los entrega, y así yo puedo comprobar que cada billete dice claramente ORIHUELA, y aún así el conductor los ha tickado y les ha hecho subir. El error ha sido claramente del conductor que no ha mirado el destino de estos viajeros, así que yo les aconsejo a la familia que nada más bajar del autobús se dirijan a la ventanilla de la compañía Alsa con la que viajamos, les explique el problema y les pida una solución, porque la cagada no ha sido de los viajeros sino del conductor. Lo suyo es que les paguen el taxi o que se hagan cargo del coste de los billetes de tren.

Al bajar del bus, yo me voy para el lugar donde me esperan, deseando que tengan suerte son lo suyo. Pero como Jose, que tenía que recogerme, aún no ha llegado, me voy haciala ventanilla de Alsa con la familia para ayudarles a explicar la situación. la mujer me mira agradecida, y dice que ella no habría sabido explicarse. Le digo que no se preocupe, que yo me encargo. ésta es más o menos la transcripción de la conversación que tuve con la señora a cargo de la ventanilla.
- Buenas noches. Acabo de llegar en el bus de Murcia con esta familia. Pero ellos querían coger el que va a los pueblos y han acabado aquí por error.
- ¿Y qué quiere que yo haga?
- Le explico: el autobús de esta señora y el mí salieron a la misma hora de Murcia, o sea, ellos han estado 45 minutos esperándolo. Luego ha venido la confusión y se han montado en el que no es.
- ¿Y?
- Y el conductor de mi autobús ha tickado estos billetes sin leer que no eran al destino correcto y ha hecho pasar a los viajeros.
- Pues nosotros no le podemos hacer nada. (Empieza bien, con una disculpa)
- (Le enseño los billetes)
- Pero esto no es un error.
- ¿Y qué es?
- Es que el conductor tiene que leer cientos de billetes todos los días, alguno se le puede pasar.
- Pues eso se llama error, señora. Error humano.
- Es que un error lo tiene cualquiera. (Los ojos ya se me empiezan a inyectar en sangre, y viendo que por las buenas no voy a llegar a ninguna parte de todos modos, decido al menos quedarme a gusto)
- Desde luego que lo tiene cualquiera. Por eso no estoy pidiendo la cabeza del conductor, estoy pidiendo una solución para que esta familia y este niño pequeño no se queden esta noche en la calle por culpa de un empleado de su compañía. Quiero presentar una reclamación y que se les compense de la forma adecuada, porque no me suena que Alsa tenga como slogan "yo la cago y tú te jodes", aunque debería adoptarlo.
- Valevalevale, yo si quieres te doy una hoja de reclamaciones, pero...
- tú la vas a archivar en la papelera en cuanto yo salga de aquí, eso ya lo sé, pero una copia se va a quedar en Comisaría y otra en Consumo. Trae pacá la hoja.

Empiezo a rellenarla, ahora ya abiertamente furiosa, pero la rumana me detiene la mano. Sabe que no tienen nada que ganar y sí un tren que pueden perder.
Me agradecen exageradamente la nula ayuda prestada, cogen el niño y las maletas y echan a correr hacia la estación de tren. Espero que llegaran a tiempo para cogerlo, y que la compra de los billetes les dejara algo para comer.
Alsa va contigo. Aunque no tenga ni puta idea de a dónde vas.

3 comentarios:

nene dijo...

ola me a gustado mucho tu blog y queria decirte que tengo un blog que habla sobre cultura japonesa (costumbres,tecnologia...) y creo que a lo mejor te podria interesar
salu2
adios

Lumen Dei dijo...

Hiciste lo que tenías que hacer, te quedaste a gusto, has hecho que yo me quede a gusto al leerte, y espero y supongo que yo hubiese hecho lo mismo.

Gorpik dijo...

Yo no, yo tal vez no habría hecho lo mismo. Pero, afortunadamente para el mundo, hay gente como tú, Almu.